Las personas más jóvenes tienen un mayor riesgo de sufrir espasticidad muscular tras un ictus severo. Así lo han afirmado especialistas de varios hospitales españoles que han trabajado en la adaptación española del ‘Semáforo de la espasticidad’, una nueva herramienta para ayudar a los médicos de Atención Primaria a predecir, identificar y priorizar a los pacientes en riesgo de desarrollar espasticidad.

Así, según la doctora Raquel Cutillas, jefa asociada del Servicio de Rehabilitación del hospital universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid, “aunque todos los pacientes con ictus severos son susceptibles de padecer espasticidad, los pacientes jóvenes, por debajo de 65 años, tienen más posibilidades de desarrollarla.

Por ello, los profesionales sanitarios, especialistas y médicos de Atención Primaria, debemos realizar un seguimiento pormenorizado de estos casos“.

El factor de la edad como indicador de riesgo está avalado por diferentes estudios internacionales que confirman que a medida que aumenta la edad en que se sufre el ictus se reducen las probabilidades de padecer espasticidad muscular severa.

Imagen de Allergan, an AbbVie Company

La espasticidad es un síntoma que puede aparecer tras el ictus y afecta a aproximadamente un 40% de los pacientes.

En palabras de la doctora Cutillas, “puede provocar dificultad en la movilidad, alteración postural, déficit funcional, rigidez en las articulaciones y dolor en las extremidades. Se desarrolla en muchos casos desde una etapa precoz, a las 3 semanas de haberse producido el ictus.”

Dado su impacto en la calidad de vida de los pacientes, un equipo internacional de médicos rehabilitadores, con el apoyo de Allergan, an AbbVie Company, ha desarrollado este nuevo sistema de clasificación de riesgos de la espasticidad, o ‘Semáforo de la espasticidad’, para favorece la derivación de pacientes al médico rehabilitador.

Su importancia reside en que una identificación temprana de la espasticidad permite evitar complicaciones que empeoran la calidad de vida del paciente.

En su elaboración y adaptación también participaron las doctoras Lourdes López de Munaín, jefa del Servicio de Rehabilitación del hospital universitario Marqués de Valdecilla de Santander; y Susana Moraleda, jefa del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación del hospital universitario La Paz en Madrid.

En la herramienta se ponen de manifiesto las señales que deben avisar a los profesionales de Atención Primaria del desarrollo de espasticidad post ictus, así como otros factores de riesgo además de la edad.

Entre ellos destacan el tabaquismo, el tipo de ictus, el déficit funcional asociado y la zona de la lesión cerebral.

El tabaco es una de las causas que provocan accidentes cerebrovasculares. Imagen de la Agencia Open Comunicación

“Los médicos debemos insistir en la importancia del seguimiento y tratamiento de la espasticidad, sobre todo en las fases iniciales tras el ictus, dado que el nivel de concienciación de pacientes y familiares suele ser menor que con otras de sus consecuencias. Debemos instruirles en la detección y prevención de la espasticidad para favorecer su recuperación”, ha argumentado la doctora López de Munaín.

La Covid19 ha provocado un deterioro funcional en los pacientes espásticos

La detección de la espasticidad post ictus es además esencial, dicen las especialistas, para combatir las consecuencias que la pandemia de COVID-19 ha provocado en los pacientes.

En consulta, ambas doctoras han constatado que el aislamiento y el inmovilismo han causado un mayor deterioro funcional en las personas con espasticidad post ictus.

En la misma línea, un estudio realizado en Italia relaciona este deterioro, reflejado en un 72% de los pacientes, con los problemas de acceso al tratamiento.

A pesar de ello, la doctora López de Munaín ha asegurado que se han realizado esfuerzos por dar continuidad a la asistencia a estos pacientes: “en esta situación los programas de tele-rehabilitación han resultado ser útiles. Se ha demostrado que son eficaces, costo-eficientes y que aumentan la implicación de las personas con espasticidad. Pero aún debemos mejorar ciertos aspectos, desde el desarrollo de programas informáticos específicos, hasta la concienciación y preparación del paciente, que se debe encontrar preferentemente en su domicilio y en un entorno confidencial.”

Pacientes y cuidadores deben implicarse en su diagnóstico

Las especialistas han apelado también a la colaboración entre médicos, cuidadores y pacientes para el éxito del tratamiento.

Como ha explicado la doctora López de Munaín, “la evolución depende en gran parte de la implicación del paciente, que debe repetir y aplicar las pautas enseñadas por los profesionales de la rehabilitación. Entre ellas se incluye la realización de una serie de ejercicios y un adecuado control postural para evitar el acortamiento muscular, la limitación de los recorridos articulares y el dolor.”

A su vez, han remarcado que los cuidadores son esenciales en la continuidad de los programas de rehabilitación. Su implicación favorece el cumplimiento de las pautas médicas y la adherencia al tratamiento.

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